Amanda Busch

Nuestra Mulher Positiva es Amanda Busch, Directora General que lidera la Fundação Fenômenos en la ejecución de las estrategias institucionales, garantizando la eficiencia operacional, la sostenibilidad financiera y el impacto social. Graduada en Educación Física, la profesional también es Gestora Deportiva, Especialista en Psicología del Deporte y posgraduada en Pedagogía del Deporte, con 20 años de experiencia en el tercer sector.

Amanda nos cuenta cómo inició su carrera y comparte los aprendizajes que la llevaron a construir una trayectoria pautada por la transformación social, el liderazgo y el compromiso con la generación de un impacto positivo.

1.¿Cómo comenzó su carrera?

Fui deportista toda la vida. Jugué al fútbol, baloncesto y balonmano, hice natación y diversas artes marciales. Competí de forma amateur y, naturalmente, elegí estudiar Educación Física. A lo largo de esa trayectoria, tuve profesores y profesoras que se convirtieron en grandes referentes para mí.

Como muchos atletas que no llegan al deporte profesional, yo soñaba con ser entrenadora de fútbol o de baloncesto. Pero, cuando terminé la universidad, vino esa gran pregunta: "¿Y ahora? ¿Cuál será mi camino?". Decidí seguir estudiando, inicié otra especialización y me convertí en pasante en el Projeto Esporte Talento, del Instituto Ayrton Senna, y fue allí donde me enamoré de la profesión.

En aquel momento, entendí que mi vida en el deporte podía tener un propósito mucho mayor que la competición. Me di cuenta de que todo el privilegio que tuve de estudiar debía tener sentido para otras personas. Fue cuando encontré el tercer sector.

Llegué a tener una rápida experiencia en la educación formal, como profesora de educación secundaria, pero descubrí que era en el tercer sector donde lograba unir educación, deporte y transformación social. Veinte años después, continúo aquí, con la convicción de haber hecho la elección correcta.

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que mi carrera nunca se trató solo de deporte, siempre fue sobre personas. El deporte fue la puerta de entrada, la educación fue el camino y hoy, en la Fundação Fenômenos, encuentro la oportunidad de contribuir al desarrollo de liderazgos sociales que transforman comunidades enteras. Es un trabajo que tiene mucho sentido para mí porque une todo aquello en lo que creo.

2. ¿Cuál fue el momento más difícil de su carrera?

A medida que fui ganando experiencia, descubrí que me gustaba mucho formar personas. Hice cursos orientados a la formación de profesores y me di cuenta de que podía contribuir a preparar profesionales que, al igual que yo, salían de la universidad sin conocer la realidad del tercer sector. Pasé a invertir mucho en la formación y liderazgo de equipos y, con ello, fui asumiendo cargos de gestión relativamente joven.

A pesar de parecer un camino muy positivo, ese periodo trajo grandes desafíos. Sufrí bastante prejuicio por ser mujer y muy joven. La etiqueta de la "chica joven" aparecía constantemente cuando necesitaba negociar con otros líderes, empresas y socios institucionales.

Dentro del propio equipo, algunos hombres mayores tenían dificultades para aceptar el liderazgo de una mujer más joven. En muchos momentos necesité defender mis ideas, conquistar espacio y encontrar mi voz, incluso cuando intentaban interrumpirme o silenciarme.

Hoy miro hacia atrás y veo que ese periodo me enseñó algo muy importante: resiliencia. Aprendí que el liderazgo no se impone por el cargo, se construye por la coherencia, el conocimiento y la forma en que tratamos a las personas.

Esas experiencias terminaron moldeando la forma en que lidero actualmente. En la Fundação Fenômenos procuro construir un ambiente en el que las personas sean respetadas, tengan espacio para crecer y entiendan que el liderazgo no ocurre por la jerarquía, sino por el ejemplo y la confianza.

3. ¿Cómo logra equilibrar su vida personal y su vida corporativa en el tercer sector?

Ese es un desafío permanente. A veces siento que la balanza está más inclinada hacia el trabajo, en otros momentos logro dedicar más tiempo a la vida personal. Es un equilibrio muy dinámico que cambia según cada fase de la vida.

Tengo una red de apoyo muy importante. Mi familia acompañó toda esta trayectoria; me vieron celebrar logros, enfrentar frustraciones, llorar, sonreír y persistir cuando las cosas parecían difíciles.

Estar donde estoy hoy representa mucho más que ocupar un cargo: es la realización de una trayectoria construida con mucho esfuerzo. Es esa sensación de alcanzar el lugar más alto del podio, pero sabiendo que llegar hasta aquí no garantiza la permanencia y que todavía hay mucha gente contando con mi trabajo.

Tal vez por tener un perfil muy competitivo, siempre quiero entregar el mejor resultado posible, y eso hace que el equilibrio no siempre sea simple. Pero aprendí que cuidar de las personas que caminan a mi lado y permitir que ellas también cuiden de mí marca toda la diferencia.

Asumir la dirección de la Fundación trajo grandes responsabilidades, pero también reforzó un aprendizaje importante: nadie hace un trabajo de impacto solo. Tengo el privilegio de contar con un equipo comprometido y socios que creen en el mismo propósito. En el tercer sector, los mejores resultados siempre se construyen de forma colectiva.

4. ¿Cuál es su mayor sueño?

Mi mayor sueño es contribuir a que el tercer sector sea cada vez más reconocido como un espacio de excelencia, innovación y transformación social.

Quiero ayudar a formar líderes que multipliquen el conocimiento y fortalezcan organizaciones por todo Brasil. Siempre digo que un buen líder no transforma solo a un equipo, transforma a otros líderes, que pasan a transformar a aún más personas.

Si al final de mi trayectoria puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de que contribuí a fortalecer organizaciones, formar profesionales y ampliar oportunidades para miles de personas, sentiré que cumplí mi propósito.

5. ¿Cuál es su mayor logro?

Puede parecer un poco trillado, pero mi mayor logro es darme cuenta de que puedo ser un buen referente para las personas que conviven conmigo.

Cuando me casé, mis tres hijastros aún eran niños. Hoy todos tienen más de veinte años, trabajan, estudian y construyen sus propias historias. Saber que, de alguna manera, pude contribuir a ese camino, mostrándoles posibilidades, incentivando sus elecciones y apoyando su desarrollo, me produce una enorme sensación de realización.

Esto también ocurre con muchas personas que pasaron por los equipos que lideré a lo largo de mi carrera. Cuando veo a alguien creciendo profesionalmente y recuerdo que, en algún momento, participé en esa formación, siento que todo el esfuerzo valió la pena.

Siempre me hago una pregunta: "¿Qué legado quiero dejar cuando mi trayectoria termine?". Esta reflexión orienta muchas de mis decisiones. Aprendí que la vida está hecha de ciclos y procuro hacer lo mejor posible en cada uno de ellos.

6. Libro, película y mujer que admira (no puede ser su madre).

Mi libro es El monje y el ejecutivo. No necesariamente porque lo considere el mejor libro sobre liderazgo, sino por la historia que hay detrás de él. Cuando comencé a ocupar cargos de liderazgo, un colaborador mayor, que estaba dejando la organización, tuvo una conversación bastante dura conmigo. Antes de irse, solo dijo: "Deberías leer este libro". Podría haber ignorado la sugerencia, pero la humildad siempre ha sido un valor importante para mí. Compré el libro y lo leí. La lectura me confirmó muchas cosas en las que ya creía y, al mismo tiempo, me enseñó muchas otras. La principal de ellas es que liderar es servir. Es ser ejemplo, actuar de forma coherente con aquello que se espera de los demás y construir confianza a través de las actitudes. Esa enseñanza me acompaña hasta hoy.

Mi película es Diarios de la calle (Escritores de la libertad). Es un clásico para quienes trabajan en educación. La historia muestra a una profesora que enfrenta enormes desafíos para transformar la realidad de jóvenes en situación de vulnerabilidad. Trabajar en el tercer sector es muy parecido a eso: aprendes que muchas veces aquello que llega a ti no se trata de ti, sino de la oportunidad de ayudar a alguien a ver nuevos caminos.

En cuanto a la mujer que más admiro, tuve la suerte de convivir con muchos referentes femeninos a lo largo de mi trayectoria. Profesionalmente, destaco a Magic Paula. Tuve la oportunidad de trabajar en una organización fundada por ella y aprender de cerca de una mujer que fue una atleta extraordinaria, pero también una gestora y emprendedora admirable. En la vida personal, sin duda, es mi esposa. Ella es, diariamente, un ejemplo de resiliencia, generosidad y dedicación a nuestra familia. Es quien me recuerda, todos los días, que nuestras actitudes hablan más alto que cualquier discurso y que nunca debemos rendirnos ante las dificultades.