Dra. Thaissa Pandolfi
Nuestra Mujer Positiva es la Dra. Thaissa Pandolfi, médica psiquiatra que se dedica al estudio de la neurodivergencia femenina, especialmente en casos de diagnóstico tardío de autismo, TDAH y altas capacidades en mujeres altamente sensibles. Uniendo ciencia, escucha clínica profunda y espiritualidad, se ha destacado por aportar una nueva mirada a la salud mental femenina, ayudando a las mujeres a reconstruir su identidad tras años de incomprensión y diagnósticos erróneos.
1. ¿Cómo comenzó tu carrera?
Mi trayectoria comenzó a partir de una curiosidad muy genuina sobre la vida de las personas. Desde muy joven tuve la sensación muy clara de que no tendría suficiente tiempo en esta vida para aprender y vivir todo lo que deseaba comprender sobre la existencia humana. Eso siempre me acompañó.
Fue justamente al escuchar las historias de vida de otras personas que me di cuenta de algo muy poderoso: a través de las narrativas del otro yo también aprendía, me transformaba y ampliaba mi propia visión del mundo. Cada historia contiene un universo entero de experiencias, emociones y significados.
Cuando elegí la medicina, esa curiosidad sobre la mente humana ya era muy fuerte en mí. Durante mi formación me fui dando cuenta de que la psiquiatría era el lugar donde podía unir ciencia, escucha y sensibilidad. Siempre sentí que esta área mi permitía mirar al ser humano en toda su complejidad y, de cierta forma, la psiquiatría siempre fue un espacio que me acogió tal como soy.
A lo largo de la práctica clínica empecé a notar algo que cambiaría por completo el rumbo de mi carrera. Muchas mujeres llegaban al consultorio con diagnósticos de ansiedad, depresión o trastornos de la personalidad, pero había algo más profundo allí. Cuando investigaba sus historias con más cuidado, se hacía evidente que muchas eran neurodivergentes (autistas de nivel 1, con TDAH o con altas capacidades) y nunca habían sido identificadas a lo largo de su vida.
Con el tiempo me di cuenta de que mi propia historia también formaba parte de ese proceso. A mí me habían diagnosticado TDAH a los 18 años, pero fue recién a los 33, durante la gestación de mi primer hijo, cuando ocurrió algo muy marcado en mi vida.
El embarazo fue un momento de gran transformación interna y también de una intensa sensibilidad. En ese período viví lo que hoy comprendo como una emergencia espiritual: un proceso profundo de reorganización psíquica y existencial. Al mismo tiempo, empecé a notar que ya no podía sostener las máscaras sociales que había aprendido a utilizar para adaptarme al mundo.
Fue en ese contexto que recibí la identificación diagnóstica completa de mi propia neurodivergencia. Formaba parte de la llamada tríada neurodivergente: TDAH, autismo nivel 1 y altas capacidades/superdotación, además de poseer alta sensibilidad. Esta revelación cambió profundamente la forma en que entendía mi historia y también la manera en que comencé a guiar mi práctica clínica.
Hoy mi trabajo consiste justamente en ayudar a otras mujeres que pasaron la vida entera intentando encajar en patrones que no se correspondían con la forma en que funcionan sus cerebros. Cuando llega la comprensión, muchas veces no se trata solo de un diagnóstico, sino de un proceso de reconstrucción de la identidad.
2. ¿Cuál fue el momento más difícil de tu carrera?
Uno de los momentos más desafiantes de mi trayectoria fue justamente darme cuenta de que mi vida personal y mi vida profesional estaban profundamente entrelazadas.
En determinado momento de mi vida también tuve que lidiar con una depresión tras salir de una relación abusiva. Fue un período muy difícil porque, al mismo tiempo que era médica y estaba allí para atender el sufrimiento de las personas, también tuve que aprender a cuidar de mi propio dolor.
Otro desafío importante fue lidiar con la intensidad de mi sensibilidad dentro del consultorio. Muchas veces la identificación emocional con los pacientes era tan profunda que sentía ganas de llorar junto con ellos. La contratransferencia emocional era muy intensa.
Durante un período de mi formación creí que necesitaba enmascarar esa sensibilidad, como si un médico tuviera que estar completamente distante de las emociones. Con el tiempo comprendí que la sensibilidad no era una fragilidad; era, en realidad, una de mis mayores herramientas clínicas.
También fue un reto darme cuenta de que el modelo tradicional de la psiquiatría no siempre lograba explicar todas las experiencias humanas que observaba en la práctica clínica. Existen dimensiones del sufrimiento humano que atraviesan lo emocional, lo existencial e incluso lo espiritual.
Hoy veo que justamente esos desafíos fueron fundamentales para ampliar mi mirada como médica.
3. ¿Cómo logras equilibrar tu vida personal y tu vida profesional?
Este es un desafío constante, especialmente para las mujeres. Durante mucho tiempo nos enseñaron que tendríamos que elegir entre la carrera y la vida personal. A mí me gusta pensar más en una integración que en un equilibrio perfecto, porque la vida raramente funciona en compartimentos separados.
Mi historia personal y la profesional siempre han caminado juntas. Mi propia experiencia como mujer neurodivergente influyó profundamente en la forma en que empecé a comprender a mis pacientes.
Ser madre, ser médica, estudiar, escribir y desarrollar proyectos son partes diferentes de quién soy. Hay momentos en que el trabajo exige más presencia y otros períodos en los que la vida personal necesita ocupar más espacio. Lo que he aprendido a lo largo de los años es que el autoconocimiento y el autocuidado son fundamentales para sostener este camino.
4. ¿Cuál es tu mayor sueño?
Mi mayor sueño es contribuir a un cambio real en la forma en que se comprende la salud mental, especialmente en el caso de las mujeres. Todavía hay muchas personas que viven años de sufrimiento simplemente porque nunca fueron comprendidas correctamente. Muchas mujeres se pasan la vida entera creyendo que hay algo malo en ellas, cuando en realidad poseen una forma diferente de percibir y procesar el mundo.
Cuando una mujer descubre, ya en la vida adulta, que es autista o superdotada, muchas veces se da cuenta de que gran parte de las dificultades que vivió no eran fallas personales, sino diferencias neurológicas que nunca habían sido reconocidas.
Sueño con ayudar a construir un modelo de salud mental más humano, que integre ciencia, sensibilidad, espiritualidad y respeto por la singularidad de cada persona, principalmente las sutilezas femeninas.
5. ¿Cuál es tu mayor logro?
Mi mayor logro no es un título o un puesto específico. Mi mayor logro es poder ocupar hoy un lugar muy singular: estar a ambos lados de esta historia. Soy la médica que identifica la neurodivergencia en otras personas, pero también soy alguien que pasó por su propio proceso de identificación diagnóstica tardía.
Esto me permite comprender profundamente lo que muchas mujeres viven cuando llegan al consultorio sintiéndose inadecuadas, diferentes o en un viaje invisible y solitario de sufrimiento. Cuando una paciente dice: "Ahora entiendo mi historia", eso tiene un impacto enorme. Porque no se trata solo de un diagnóstico, sino de un proceso de reconciliación con la propia identidad.
Hoy comprendo que mi sensibilidad, que durante mucho tiempo intenté ocultar, es en realidad una de mis mayores potencias. Me permite acoger las historias de las personas con presencia, humanidad y profundidad. Si puedo ser un instrumento para que otras personas también se reencuentren consigo mismas, entonces siento que estoy exactamente donde debería estar.
6. Un libro, una película y una mujer a la que admires:
Libro: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Es una obra que muestra cómo el ser humano logra encontrar un significado incluso en las situaciones más difíciles de la vida.
Película: La llegada (Arrival). Es una película que aborda de forma muy sensible cómo las diferentes formas de percepción pueden transformar por completo nuestra comprensión de la realidad.
Mujer: Una mujer que siempre me ha inspirado profundamente es la psiquiatra brasileña Nise da Silveira. En una época en la que la psiquiatría estaba marcada por prácticas extremadamente agresivas, como lobotomías y electrochoques indiscriminados, Nise tuvo el coraje de seguir un camino diferente. Ella creía que el sufrimiento psíquico debía ser comprendido con humanidad, escucha y respeto por la subjetividad de las personas.
Su trabajo con el arte, la expresión simbólica y la creatividad revolucionó la forma en que muchos profesionales empezaron a comprender la mente humana. Para mí, Nise da Silveira representa algo muy importante: la valentía de recordar que la psiquiatría no debe ser solo una ciencia de diagnósticos, sino también una práctica profundamente humana de cuidado de la mente y del alma.