Lucrécia Oliveira

Nuestra mujer positiva es Lucrécia Oliveira, de Brasilia, socia y vicepresidenta de operaciones del Grupo Benner, una de las mayores empresas brasileñas de tecnología y software de gestión (ERP). Apasionada por el running y los deportes, mentora de mujeres en la industria por la FIESP y viajera inquieta en busca de innovación, Lucrécia cree que el verdadero diferencial competitivo reside en alinear tecnología, personas y propósito.

1. Cómo inició su carrera

Mi trayectoria comenzó impulsada por la curiosidad y la inquietud. Siempre quise entender cómo la tecnología podía transformar los negocios y, al mismo tiempo, generar un impacto real en las personas. Al principio, era un entorno predominantemente masculino, y eso, más que intimidarme, despertó en mí el deseo de demostrar que yo también podía estar allí.

Asumí posiciones de liderazgo muy joven y era común que, en las reuniones, las personas buscaran aprobaciones de otros hombres subordinados a mí, sin reconocer que la decisión final era mía. Aun así, supe, con elegancia y firmeza, demostrar que estaba empoderada en mi rol y plenamente preparada para ejercer las responsabilidades que la función exigía.

Con el tiempo, me di cuenta de que mi misión no era solo ocupar espacios, sino transformarlos. Entendí que el liderazgo no se trata de control, sino de construir puentes entre estrategia, innovación y propósito. Fue así como encontré sentido en cada desafío, con valentía para aprender, equivocarme y volver a empezar, siempre con más conciencia y autenticidad.

2. Cómo se estructura el modelo de negocio de Benner

Benner es un ecosistema que combina tecnología de Software ERP, inteligencia de gestión y servicios especializados para sectores estratégicos como salud, jurídico, recursos humanos y operaciones logísticas. Nuestro modelo de negocio se sustenta en la innovación y la búsqueda constante de eficiencia, pero lo que realmente nos diferencia es nuestro propósito: simplificar lo complejo.

Creemos que la tecnología es un medio, nunca un fin. Lo que hacemos solo tiene valor si mejora la vida de las personas y genera un impacto real en las organizaciones. Trabajamos con la mirada de quien entiende que cada proyecto conlleva una historia, un desafío y una responsabilidad social; es esa conciencia la que hace de Benner una empresa humana, incluso en medio de la alta tecnología, situando a nuestros clientes en el centro de cualquier cuestión.

3. El momento más difícil de su carrera

Hubo momentos en los que liderar significó enfrentar resistencias, tomar decisiones impopulares y sostener cambios profundos y, a menudo, ser puesta a prueba por ser mujer. Lo más difícil fue equilibrar firmeza y empatía sin amoldarme al comportamiento masculino dominante para ser aceptada. No actuar como "otro hombre en la mesa", incluso en las elecciones de postura e imagen, requirió valentía y autenticidad.

También fueron momentos de soledad profesional, en los que necesité confiar en mi propósito para no desviarme de lo que creía correcto. Aprendí que el verdadero liderazgo se revela en los periodos de incertidumbre y que no existe valentía sin vulnerabilidad. Crecemos en la incomodidad. Siempre refuerzo que la diversidad de género no es solo una agenda social, es una estrategia de negocios. Estudios como el de McKinsey muestran que las empresas con diversidad en el liderazgo aumentan la rentabilidad hasta en un 21% respecto a las demás. La diversidad es también una decisión de rendimiento.

4. Vida personal y corporativa

Para mí, el equilibrio se trata de presencia y elecciones conscientes. Incluso cuando todo es caótico, es necesario definir prioridades y entender que habrá periodos de mayor dedicación al trabajo y está bien; eso forma parte de la jornada de una líder y emprendedora. La mayor trampa es creer que el equilibrio significa dividir todo por igual, cuando, en realidad, se trata de estar íntegra donde estés.

Soy atleta amateur y encontré en el deporte una fuente constante de energía y enfoque. Correr largas distancias me enseñó sobre constancia, dolor y superación, y que la vida está hecha de ciclos, algunos cortos y otros largos. Son lecciones que aplico todos los días en el entorno corporativo.

Aprendí que cuidar la mente y el cuerpo no es un lujo, es un acto de responsabilidad. Hay días en los que conciliar agendas, viajes y entrenamientos parece imposible, pero es precisamente en esos días cuando recuerdo por qué empecé. El deporte me devuelve la claridad, me hace recordar que el liderazgo exige integridad, presencia y coherencia entre lo que se dice y lo que se practica; este es el tipo de equilibrio en el que creo.

5. Su mayor logro

Mi mayor logro no está en un cargo o un número, sino en haber llegado hasta aquí sin renunciar a mis valores. Construí una carrera sólida, lideré transformaciones complejas y, al mismo tiempo, inspiré a otras mujeres a creer en sí mismas.

Haber conquistado el respeto de colegas y pares del mercado, y haber contribuido al crecimiento de tantas personas a lo largo del camino, es lo que más me enorgullece. El verdadero legado de una líder está en las vidas que transforma y en las puertas que decide dejar abiertas para las siguientes.

6. Libro, película y mujer que admira

Podría citar varios que me han influenciado, pero el libro que me acompaña es "Mujeres que corren con los lobos", de Clarissa Pinkola Estés. Es un clásico sobre el arquetipo de lo femenino instintivo, esencial para comprender la fuerza emocional y simbólica de la mujer. Es un recordatorio constante de que esa potencia ya habita en nosotras; basta con permitir que se manifieste.

En cuanto a películas, hay muchas que inspiran los negocios, pero una que me marcó en un periodo de incertidumbre fue "La vida de Pi" (Life of Pi). El único superviviente del naufragio es Pi, quien comparte el pequeño espacio de un bote salvavidas con un feroz tigre de Bengala. En aquella época, en 2012, mi mente me saboteaba a diario ante un gran desafío lleno de dudas. La película me ayudó a entender la metáfora: "el poder de la mente para crear narrativas que justifiquen nuestros miedos". Domar esas voces internas es, a menudo, el paso que separa la supervivencia de la conquista.

La mujer que admiro es Angela Merkel, por la serenidad, visión estratégica y firmeza con la que condujo transformaciones históricas sin perder la humanidad, sabiendo retirarse preservando su legado. También admiro la relación que construyó con su marido, tímido e igualmente brillante, que supo ocupar su lugar a la sombra, valorando que la posición de liderazgo era de su esposa.